20 oct. 2008

Historia de las Bibliotecas: Introducción


La colección del conocimiento escrito en una forma de repositorio es una práctica tan antigua como la civilización misma. Aproximadamente unas 30.000 tabletas de arcilla encontradas en la antigua Mesopotamia se remontan a más de 5000 años. Los arqueólogos han descubierto rollos de papiro de entre los años 1300 y 1200 a. C. en las antiguas ciudades egipcias de Amarna y Tebas, y miles de tabletas de arcilla en el palacio del rey Senaquerib, gobernante asirio entre los años 704 y 681 a. C., en Nínive, su ciudad capital. Aparecieron aún más pruebas con el descubrimiento de la colección personal del nieto de Senaquerib, el rey Assurbanipal.


El repositorio finalmente se convirtió en biblioteca. Ya sea pública o privada, la biblioteca ha sido fundada, construida, destruida y nuevamente construida. La biblioteca, defendida frecuentemente, ha sido una sobreviviente a lo largo de su historia, y sirve como un testamento para la sed del conocimiento.

La alfabetización construye bibliotecas

Las primeras colecciones pueden haber surgido del Cercano Oriente, pero los antiguos griegos propagaron la idea a través de su enorme interés en la alfabetización y la vida intelectual. Las bibliotecas públicas y privadas florecieron en un proceso muy bien establecido: los autores escribían sobre una gran variedad de temas, los “scriptoria” o salas de copiado (1) producían los libros, y los distribuidores los vendían. El copiado de libros era una empresa exigente y con alta demanda, debido a que la “fiabilidad” de un libro se traducía en calidad. Un decreto ateniense pedía un repositorio de copias “confiables”. Aunque la biblioteca pública apareció por primera vez en el siglo IV a. C., la biblioteca privada era más común. Aristóteles, por ejemplo, desarrolló una gran colección privada. El antiguo geógrafo Estrabón dijo sobre Aristóteles que “fue el primero en reunir una colección de libros y en enseñarles a los reyes de Egipto cómo organizar una biblioteca”.

La forma dicta la función

Durante la mayor parte de su historia, el término “libro” se refiere a obras escritas en papiro y algunos rollos de pergamino. A partir del siglo II, la literatura, la ciencia y la información técnica se registraban en tabletas de madera apiladas y atadas. Estas tabletas, llamadas códices, provienen de una práctica de siglos de uso de tablas de madera para tomar notas. Estos códices nuevos y durables reemplazaron de forma gradual a los frágiles rollos. No obstante, los rollos siguieron utilizándose para los documentos de archivo. El pergamino finalmente reemplazó a las tablas de madera.

La forma del nuevo códice impactó en el almacenamiento de los libros. Los códices se guardaban de forma horizontal en los estantes, y sus hojas estaban cubiertas. Las bibliotecas tuvieron que encontrar la forma de guardar tanto los rollos como los códices. Las nuevas bibliotecas que surgieron en la Edad Media en iglesias, escuelas y monasterios se preocupaban solamente por el códice.

Nota de la traductora (sí, mía)

(1) La palabra “scriptorium” (plural “scriptoria”) proviene del latín medieval script-, scribere (escribir). Literalmente significa “lugar para escribir”. El scriptorium se refiere a una sala en los monasterios medievales europeos dedicada al copiado de manuscrito por parte de los escribas monásticos. Un scriptorium necesariamente estaba adjunto a una biblioteca; donde quiera que hubiera una biblioteca, podía suponerse normalmente que había un scriptorium.

Cuando las bibliotecas monásticas y los scriptoria surgieron a principios del siglo VI (los primeros escritos monásticos europeos datan del año 517), definieron la cultura literaria europea y preservaron selectivamente la historia literaria de Occidente. Los monjes copiaron la Vulgata (traducción de la Biblia al Latín vulgar) de San Jerónimo, y los comentarios y cartas de los primeros Padres de la Iglesia con propósitos misioneros, así como para su uso dentro del monasterio.

Los productos del scriptorium proporcionaban un valioso medio de intercambio. Dentro del scriptorium, había una división del trabajo entre los monjes que preparaban el pergamino para copiarlo, alisando su superficie y poniéndole tiza, otros que copiaban el texto, y otros que lo iluminaban. A veces un solo monje participaba en estas tres etapas.

Las tradiciones individuales de los scriptoria se desarrollaron en un aislamiento parcial, hasta el punto que los paleógrafos modernos aprenden a identificar el producto de cada scriptorium y datarlo comparándolo con otras producciones datables de ese scriptorium. Al mismo tiempo, las comparaciones de la “mano” característica de los scriptoria revelan conexiones sociales y culturales entre ellos, como por ejemplo manuscritos que pasaron de una biblioteca a otra.

La iluminación de los manuscritos, trabajada en colaboración con los escribas, es una variedad de interacción intrincada que excluye todo patrón simple de producción monástica de manuscritos.

Traducido de: Survivor: The History of the Library. Barbara Krasner-Khait checks out the story of the library. (excepto la nota de la traductora)

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