07 julio 2009

El libro anglosajón (cont.)

Los vikingos y Alfredo el Grande

Una Mercia debilitada por el disenso había cedido su supremacía a Wessex, bajo el rey Egbert (r. entre 802-839), hacia el año 830. A mediados del siglo IX, continuaron las relaciones carolingias, pero la atención comenzó a concentrarse cada vez más en una nueva amenaza: los vikingos. Lindisfarne cayó víctima del primer ataque escandinavo en el 793, enviando ondas de choque a través de todo Occidente. En 865 llega el primer gran ejército vikingo, y para el año 870 solamente quedaba Wessex resistiendo efectivamente.

El reinado de Alfredo el Grande (871-899) fue testigo de la progresiva invasión vikinga y su asentamiento, cosa que finalmente logró controlar, simbolizando el hecho con su tratado con Guthrum, líder de los daneses en East Anglia, redactado entre el 886 y el 890. Este tratado dividió Inglaterra en: Danelaw (Northumbria, East Anglia y los “Cinco Distritos” –“Five Boroughs”-, incorporando gran parte de Mercia), y la Inglaterra “inglesa”, conservando Wessex y el territorio al sur del Támesis, y la parte sudoccidental de Mercia.

La otra cuestión que más le preocupaba a Alfredo era la degeneración religiosa y cultural de Inglaterra, a la que atribuía todas sus desgracias. Reunió un grupo de eruditos, compuesto por mercianos (Wreath, Plegmund, Werwulf y Aethelstan), un galés (Asser) y dos académicos del continente (Grimbald de St. Bertin y Juan el Viejo Sajón). El programa para la revitalización de la cultura a través de los libros (y por lo tanto, un renacimiento espiritual) incluyó una política de traducción al Antiguo Inglés de obras de particular relevancia para la situación.

Un punto crucial se había alcanzado en la alfabetización inglesa: se estableció un grado de preservación de la antigua cultura insular, la influencia continental se convirtió en un rasgo característico más de la cultura anglosajona, y se desarrollaron nuevas tendencias en la literatura vernácula.

Del mismo modo, en el frente político se estableció el escenario para la próxima fase de la historia inglesa, dominada por la reconquista de Danelaw y un nuevo sentido de unidad nacional. Para finales de su reinado, Athelstan (925-939) había comenzado a hacer valer el imperio de una monarquía única en toda Inglaterra y el sur de Escocia y Gales; esta nueva estabilidad le permitió entrar en una serie de relaciones diplomáticas con el continente, y satisfacer también su amor por las artes y la cultura, con la adquisición de obras, reliquias e influencias de variadas fuentes.

La segunda mitad del siglo X fue testigo de la introducción de una campaña muy importante de reforma monástica, a lo largo de las fronteras continentales, favoreciendo (teóricamente) la observancia general de la Regla de San Benito (antes, quienes estaban a cargo de los establecimientos religiosos individuales podían determinar, en general, sus propias observancias). Bajo el patrocinio del rey Edgar (959-975), trabajaron tres grandes prelados reformistas: Dunstan, Arzobispo de Canterbury (960-988), Aethelwood, Obispo de Winchester (963-984), y Oswald, Obispo de Worcester (961-992; también Arzobispo de York, 971-992).

Este periodo de estrecha colaboración entre la Iglesia y el Estado, vio un florecimiento espectacular de las artes (los mismos Dunstan y Aethelwood eran consumados artesanos), sin faltar nunca el patrocinio.

La caída de los anglosajones

A fines del siglo IX y principios del X, se renovó el desorden general, con crisis de sucesión, conflictos entre los partidos a favor y en contra de la reforma, una alianza con Normandía y un gobierno débil bajo Ethelred II “Unraed”, el “mal aconsejado” (978-1016).

Comenzó nuevamente la intervención escandinava, esta vez asociada con las ambiciones de una monarquía danesa centralizada, lo que dio como resultado el ascenso de Canuto (1016-1035). Inglaterra se convirtió en parte de un imperio escandinavo septentrional: la paz quedó garantizada (formalizada por el contrato social de Canuto con los ingleses, años 1019-1020, según el cual se garantizaba la protección a cambio de la lealtad), y las artes florecieron nuevamente, patrocinadas por el rey y sus esposas.

Los conflictos por la sucesión tras la muerte de Canuto terminaron con la subida al trono de Eduardo “el Confesor” (1042-1066), otro benefactor de las artes. Pero sin embargo, la inestabilidad había permitido que los condes ingleses crecieran de forma desmesurada. A la muerte de Eduardo, su cuñado, Harold Godwine, Conde de Essex, usurpó el trono (a pesar de los reclamos del principal aliado de Eduardo, Guillermo de Normandía). Su reinado duró menos de un año; durante este tiempo, los lazos de las relaciones internacionales que se habían entretejido durante los años precedentes, tomaron forma en los eventos narrados por la tapicería de Bayeux. Con la conquista Normanda en 1066, la realidad política de la Inglaterra anglosajona llegó a su fin. Por fortuna, no su identidad cultural.

El testimonio de Domesday Book, un fenomenal censo de propiedades redactado a fines del reinado de Guillermo I (1066-1087), nos muestra claramente la caída de los anglosajones. Aquí están registrados solamente dos terratenientes ingleses importantes, y para el año 1087 quedaban nada más que un solo obispo inglés y dos abades importantes.

A pesar de todo, estos datos no deberían llevarnos a subestimar la continua contribución anglosajona. Las artes, incluyendo el libro, siguieron reflejando y fortaleciéndose bajo la influencia inglesa, aún cuando se introdujeron nuevos textos, a veces reemplazando a sus predecesores (en especial, en el campo de los libros eclesiásticos y de servicios, por ejemplos misales). Muchos aspectos (algunos de los cuales llegaron a nuestros tiempos) de la imponente estructura administrativa con que los normandos y sus sucesores angevinos (de Anjou) rigieron sus extensos imperios, estaban firmemente enraizados en el mundo anglosajón. La influencia anglosajona estaba lejos de terminarse, y ciertamente desempeñó un rol muy importante en la literatura, el arte, la cultura y la administración del mundo medieval (y también moderno).






Imagen: The New Minster Charter.c. 966, Winchester, New Minster. Este frontispicio de la carta del rey Edgar al Nuevo Ministerio, conmemorando su adopción del Benedictismo, es el ejemplo más antiguo del estilo "Winchester", completamente pintado. Edgar aparece representado aquí entre la Virgen y San Pedro, presentándole la carta a Cristo. (BL Shelfmark Cotton MS Vespasian A.VIII, f2v.)










Antes de dejarlos, les comento que en la sección "Bestiarios Medievales" también estoy publicando artículos. Ya me dí cuenta que el link estaba mal puesto, pero lo arreglé. Siempre que puedan (y lo deseen), dense una vueltita por las otras secciones, por favor. Gracias, queridos amigos, hasta la próxima!

Fuente: An introduction to anglo-saxon manuscripts. Fathom.
véase el art. en: http://www.fathom.com/course/10701049/session1.html

25 junio 2009

La Inglaterra Anglosajona y el Libro






Los anglosajones entraron en la escena histórica en el siglo V de nuestra era, como piratas y mercenarios germanos paganos, acompañados por sus seguidores. Esto fue parte de un movimiento mucho más amplio de pueblos “bárbaros” (aquellos que vivían más allá de las fronteras del territorio romano), quienes irrumpieron en el imperio, estimulados por una variedad de motivos. En el momento de la conquista normanda, en 1066, la Inglaterra anglosajona era uno de los estados más sofisticados del occidente medieval, reconocida por sus logros culturales y eclesiásticos, y con complejas estructuras administrativas, legales y financieras, muchos de cuyos aspectos fueron conservados por la nueva élite normanda.

El manejo de la palabra escrita, además de una muy bien desarrollada tradición oral, tuvo una tremenda importancia en esta transformación.

Los anglosajones fueron introducidos en un sistema completo de alfabetización, como parte del proceso de conversión al cristianismo, una empresa iniciada por las iglesias celta y romana, con una cierta participación de los galos, a fines del siglo VI. En un siglo, ellos y sus vecinos celtas habían transformado el libro en un exquisito vehículo para su arte y su cultura, que iban a ejercer su influencia a lo largo de toda la Edad Media y más allá todavía.

Las cuatro fases de la historia anglosajona

El periodo anglosajón tal vez convendría ser visto como una serie de fases: primero, el periodo pre-romano y de migración (de principios del siglo V hasta fines del VI); segundo, el periodo insular (de fines del siglo VI hasta mediados del IX); tercero, la restauración alfrediana (fines del siglo IX); y cuarto, el periodo anglosajón tardío (siglos X y XI, hasta el 1066).

Cada fase trajo nuevos desarrollos para la historia del libro. El periodo pre-romano presenció un cierto nivel de continuidad en los conocimientos de la antigüedad, a través de la mediación de la iglesia. Ante la arremetida de los germanos paganos, la iglesia británica nativa se retiró en gran medida hacia la “zona de las tierras altas” (el moderno dominio celta, “Celtdom”). Participó activamente en la conversión de Irlanda, donde emergió una cultura cristiana distintiva, notable por su erudición, e influenciada por sus legados celtas y británicos, y también los del Mediterráneo oriental, la Galia y España. Se adoptaron organizaciones episcopales y monásticas, se enseñó el latín sistemáticamente como una nueva lengua, y se desarrolló un sistema de escritura, libre de la vulgarización experimentada a menudo en las áreas del antiguo imperio (del que Irlanda nunca formó parte). Los libros más antiguos que sobreviven de estas islas (como el Codex Usserianus y las Springmount Bog Tablets) fueron producidos en Irlanda, posiblemente durante los primeros tiempos del siglo VII.

En Inglaterra, la resistencia ante el avance germánico, asociada con Ambrosius Aurelianus y la figura históricamente esquiva de Arturo, había colapsado ya en la segunda mitad del siglo VI (como lo lamenta el monje británico Gildas), y para cerca del año 600 se habían establecido una miríada de pequeñas unidades políticas anglosajonas, a partir de las cuales surgieron varios reinos importantes. De estos, asumieron el protagonismo: Kent, Essex, Sussex, Wessex, East Anglia, Northumbria (Deira y Bernicia) y Mercia. Algunos focos de asentamientos nativos británicos y algunos reinos (en particular, Strathclyde, Rheged y Elmet) sobrevivieron, pero el núcleo de la población se vio obliga a ir a Gales, Cornwall, y el sur de Escocia, mientras que muchos otros emigraron a Bretaña.

La alfabetización de los anglosajones se llevó a cabo desde dos frentes: por un lado, la iglesia céltica, establecida en el reino irlandés de Dal Riada, en Argyll (sobre todo en Iona), que extendió su actividad misionera por toda Escocia hacia Inglaterra; y por la iglesia romana, a través de la misión de San Agustín en Kent, en el año 597. A pesar de ciertas diferencias en la observancia religiosa, que se discutieron en el famoso Sínodo de Whitby, en 664, que se inclinó a favor de la corriente romana, los miembros de ambos grupos trabajaron en conjunto en el proceso de conversión en Inglaterra, los lugares natales de los germanos y en otras partes del continente. Tan parecidas eran las culturas de Bretaña e Irlanda en esta etapa, que a menudo se aplica el término “insular”, señalando un nivel de identidad cultural compartida a lo largo de todas las islas, a pesar de que cada área conservaba su propio carácter distintivo.

La cultura cristiana de la Inglaterra insular

Durante el siglo VII, la cultura cristiana de la Inglaterra anglosajona tomó forma, substanciándose a partir de la formalizacion de una estructura eclesiástica en toda Inglaterra, gracias al arzobispo Teodoro, un monje parlante de griego que venía de Tarsus, en Asia Menor. Teodoro había sido nombrado para ocupar el cargo en Canterbury, y estuvo en su puesto desde el 669 hasta el 690. Teodoro y su colega de Africa (Adriano, abad de San Agustín) establecieron una notable escuela en Canterbury, que llegó a revolucionar la enseñanza en Inglaterra, introduciendo la influencia mediterránea relacionada con un currículum que se enfocó en la métrica (composición poética), el cómputo (estudio de la cronología) y la astronomía, además del estudio de las Sagradas Escrituras.

Ese plan de estudios también fue adoptado en las fundaciones romanizadoras de Northumbria, en particular en los monasterios de Monkwearmouth (674) y Jarrow (682). La luminaria más brillante en esta constelación de estudiosos fue Bede (673-735), quien ingresó en Jarrow siendo un niño y permaneció allí, con salidas esporádicas, por el resto de su vida, laboriosa y notable.

Las obras de los eruditos anglosajones tales como Aldhelm y Bede, inmediatamente se convirtieron en “best sellers”. La correspondencia del periodo contiene numerosos pedidos de copias de estos libros, y de obras litúrgicas, en especial a través del continente.

El personal religioso irlandés e inglés había llevado su fe hacia el continente a partir del siglo VII, fundando monasterios como Luxeuil, Saint Gall y Bobbio (Columbanus), Echternach (Willibrod) y Fulda (Bonifacio). Estos centros continuaron recibiendo “reclutas” desde sus lugares de origen, e hicieron una contribución muy positiva a la enseñanza continental, culminando con el “renacimiento” carolingio de fines del siglo VIII y IX, en el cual, Carlomagno fue asistido por uno de los clérigos más eminentes de la época, Alcuino de York (c.735-804). Alcuino nos dice que la biblioteca de York estaba entre las mejores de la época, pero, lamentablemente, ninguno de los libros sobrevivientes del periodo puede serle atribuido convincentemente a esta biblioteca.

El apogeo que disfrutó Northumbria durante gran parte del siglo VII también dio impulso a Mercia -con los reyes Aethabald (que reinó entre 716 y 757), Offa (757-796) y Coenwulf (796-821, siempre hablando de años de reinado), que extendieron su autoridad a través de gran parte de Southumbria (frecuentemente, poco dispuesto). Manuscritos y otras obras de arte producidas al sur del río Humber durante esta época exhiben influencias mediterráneas y orientales, y hay evidencias de complejas relaciones con el imperio carolingio. La última tendencia fue cultivada por los clérigos ingleses del sur, particularmente por el Arzobispo de Canterbury, Wulfred (805-832), en parte como una forma de ayudar a combatir el control secular de los monasterios.



Bede, Historia Ecclesiastica. (años 820 - 830?), Kent (o Mercia?). Inicio del libro I de "History of the English Church and People", de Bede, compuesto en Jarrow y completado en el año 731. (BL Shelfmark Cotton MS Tiberius C.II, f5v).


















British Library. Salterio de Athelstan. Adiciones en inglés del siglo X (pre 939) a un libro del siglo IX del área de Liége. El rey Athelstan (que gobernó entre 924 y 939), recolectó y encargó una gran cantidad de libros. Este manuscrito fue obtenido en el Continente y “modernizado” de acuerdo con el gusto inglés. Las adiciones incluyen esta miniatura de Cristo en Majestad. (BL Shelfmark Cotton MS Galba, A.XVIII, f2v.)










Fuente: Fathom: the source for online learning.
véase el sitio: http://www.fathom.com/

18 junio 2009

Physiologus



El “Physiologus” es una colección de narraciones con fines moralizadores, que utiliza como alegorías figuras de animales. Fue uno de los libros más populares de la Edad Media, apareciendo en la mayoría de las lenguas vernáculas de Europa, igual que en griego (su lengua original) y latín.

Fue la base de los posteriores bestiarios, que se agregaron a las existencias de historias y moralizaciones. Se escribieron muchas versiones, tanto en prosa como en verso. Algunas dejaron de lado las moralizaciones, mientras que otras se expandieron un poco más al respecto.

Como el verdadero autor del Physiologus griego no se conocía con exactitud, se lo atribuyeron a varios escritores griegos y latinos (de la Iglesia Cristiana) en la Edad Media, incluyendo a Epifanio, Pedro de Alejandría, Basilio, Juan Crisóstomo, Athanasius, Ambrosio, y San Jerónimo. Incluso llegó a decirse que algunos autores pre-cristianos, como Salomón y Aristóteles, habían escrito algunas de sus partes.



No se sabe con certeza cuándo y dónde fue escrito, aunque el consenso general admite que probablemente fue producido en Alejandría, en algún momento entre los siglos III y IV. La fecha se basa en las evidencias que se encuentran en el mismo texto y en otras fuentes de por lo menos el siglo V. El lugar se sugiere a raíz de los animales descritos, de los cuales muchos se conocían sobre todo en Egipto.

El texto original, en griego, contenía entre 40 y 48 capítulos. Lamentablemente no sobrevivió ninguna copia manuscrita del texto original; las versiones más antiguas que se conocen son traducciones en latín.

A lo largo de los siglos fue creciendo el número de capítulos. También cambiaron las bestias descritas, se añadieron algunas y se eliminaron otras. Obras de autores tardíos, como Isidoro de Sevilla (obispo del siglo VI-VII), y las de otros autores de textos enciclopédicos (muy populares en la Edad Media), se fusionaron con el Physiologus; el resultado fue un bestiario medieval de los siglos XII y XIII.

A menudo se traduce “Physiologus” como “el naturalista”, pero esto puede resultar un poco engañoso. El Physiologus no es una “historia natural”, del estilo, por ejemplo, de la obra de Plinio el Viejo, del siglo I, “Historia Natural”, o la de Aristóteles: “De Animalium”. La intención de estos autores era describir lo que se conocía como “naturaleza” en aquella época, para difundir el conocimiento objetivo. En cambio, el autor del Physiologus utiliza algunas descripciones de animales, que se encuentran en obras más antiguas, pero su propósito es diferente: las historias van a ilustrar el significado más profundo, el significado explícitamente cristiano, religioso, dogmático, alegórico, que se entendía estaba inserto en la naturaleza.

El Physiologus nunca tuvo la intención de ser un tratado de historia natural. Tampoco la palabra significa simplemente “el naturalista” (al menos como nosotros entendemos el término); sino que hay que interpretarlo en un sentido metafísico, moral, y, finalmente, místico, de la significación trascendente del mundo natural.
Fuente: The Medieval Bestiary

04 junio 2009

Bestiario Medieval: Hupupa (abubilla)



Abubilla

Nombre latino: Hupupa

Otros nombres: Epopus, Hupe, Hupelot, Huppe, Upupa
Atributos generales
Cuando las abubillas envejecen y sus ojos se opacan, los hijos vienen a cuidarlas. Los jovencitos les sacan las plumas viejas y lamen la niebla de los ojos de sus padres, rejuveneciendo a las viejas aves. Ellos dicen que hacen esto para recompensar a sus padres por haberlos cuidado. Pero algunos escritores atribuyen esta característica a la cigüeña.


Se dice que la abubilla es un ave desagradable que recoge excrementos humanos para fabricar su nido, y que también come deshechos malolientes. Le gusta vivir cerca de las tumbas. Además se dice que si se frota la sangre de la abubilla sobre un hombre que está dormido, los demonios intentarán estrangularlo.

Alegoría/Moral

Los jóvenes deberían seguir el ejemplo de la abubilla, y cuidar así de sus padres cuando son ancianos, de la misma forma en que sus padres los cuidaron en su infancia.

Fuentes

Plinio el Viejo (siglo I d. C.) (Historia Natural, libro 10,44): La abubilla cambia su aspecto en diferentes momentos del año. Es un ave que tiene hábitos alimentarios asquerosos. Tiene una cresta flexible que puede abrir y extender casi a lo largo de toda su cabeza.

Isidoro de Sevilla (siglo VII) (Etimologías, libro 12,7:66): La abubilla (upupa) revisa y se alimenta de los excrementos humanos; es un pájaro repugnante, que está siempre cerca de las tumbas y los excrementos. En su cabeza tiene un caso de crestas erguidas.

Ilustración

Las imágenes de la abubilla por lo general presentan un ave crestada, a menudo rodeado por aves más jóvenes. A veces en las representaciones se omite la cresta.

Fuente: The Medieval Bestiary: Animals in the Middle Ages

24 mayo 2009

Bestiario Medieval: El Pelícano


Pelícano
Nombre latino: Pelicanus
Otros nombres: Honocrotalus, onocrótalo

Imagen: Museum Meermanno, MMW, 10 B 25, Folio 32r




Atributos generales



Cuando los pelícanos jóvenes crecen, comienzan a atacar a sus progenitores en la cara con sus picos. A pesar de que los pelícanos sienten un gran amor por sus jóvenes, contraatacan y los matan. Después de tres días, la madre atraviesa su costado o su pecho y deja que la sangre caiga sobre las aves muertas, y de esta forma las revive. Algunos dicen que es el pelícano macho el que mata a los jóvenes y luego los reviven con su sangre.



Los pelícanos viven en Egipto. Hay dos clases: una vive en el agua y se alimenta de animales perniciosos como los cocodrilos y los lagartos; la otra clase, con un largo cuello y también un largo pico, emite un sonido parecido al de los asnos, cuando bebe (se llama “onocrotalus”). Algunos sostienen que estas dos clases se distinguen por otros atributos: la que vive en el agua se alimenta de peces, mientras que la que vive en las islas se alimenta de animales “sucios”. El pelícano tiene un hambre insaciable, su estómago no puede alojar comida por mucho tiempo: todo lo que come es inmediatamente digerido.



Alegoría/Moral



El pelícano representa a Cristo, a quien la Humanidad atacó al cometer pecados; el costado abierto del pelícano representa la muerte de Cristo en la cruz y el derramamiento de su sangre para revivirnos. El Bestiario de Aberdeen agrega que el hambre del pelícano significa que “… la vida de un ermitaño está modelada en base a la del pelícano, en el sentido que éste vive del pan pero no busca llenar su estómago; no vive para comer, sino que come para vivir”.



Fuentes (por orden cronológico)



Plinio el Viejo (siglo I d.C.) (Historia Natural, Libro 10, 66): los pelícanos tienen un segundo estómago en el cuello, donde las insaciables criaturas colocan la comida, aumentando su capacidad; más tarde, toman la comida de ese estómago y la pasan al estómago verdadero.
Isidoro de Sevilla (siglo VII d. C.) (Etimologías, Libro 12, 7:26): el pelícano es un ave egipcia que vive en la soledad del río Nilo. Se dice que [aquí Isidoro expresa una cierta duda al respecto] la hembra mata a sus crías y llora por ellos durante tres días, luego se hiere a sí misma y arroja su sangre sobre ellos para revivirlos. (Libro 12, 7:32): tiene un nombre griego (onocrótalos) por su largo pico; hay dos clases, acuática y solitaria.



Guillaume le Clerc (siglo XIII) (Bestiaire): El pelícano es un ave maravillosa que habita en las zonas cercanas al río Nilo. La historia escrita nos dice que hay dos clases, la que vive en el río y come nada más que peces, y la que vive en el desierto y come solamente insectos y gusanos. Hay algo maravilloso sobre el pelícano, nunca la oveja amó tanto a sus corderitos como la hembra del pelícano ama a sus crías. Cuando nace el hijo, los padres le dedican todo el cuidado y el pensamiento para nutrirlo. Pero los jóvenes pelícanos son ingratos, y cuando han crecido lo suficiente, están fuertes y seguros de sí mismos, atacan a picotazos a sus padres en la cara, y él [aquí es el macho], enfurecido por semejante maldad, los mata a todos. Al tercer día, el padre se acerca, profundamente conmovido, con mucha pena y dolor. Con su pico se hiere a sí mismo, en un costado, hasta que la sangre brota. Con la sangre lleva vida nuevamente sobre los cuerpos de sus jóvenes.



Ilustración



La ilustración de los pelícanos está altamente estandarizada, y se encuentra en una gran variedad de escenas, incluyendo manuscritos, esculturas, y tallas en iglesias, como los misericordios. La disposición de la madre pelícano y su cría se llama “el pelícano en su piedad”; consiste en la madre de pie ante sus polluelos muertos (o revividos), con la cabeza inclinada hacia abajo en una grácil curva, para cortar su pecho y gotear sangre sobre sus hijos. En algunas ilustraciones la madre arroja su sangre sobre los polluelos, o los polluelos se estiran para alcanzar las gotas de sangre que caen. Unos pocos manuscritos muestran la historia completa de la madre que mata a sus hijos y luego los revive.

Fuente: The Medieval Bestiary
véase el art. original en:
http://www.bestiary.ca/intro.htm

04 mayo 2009

Bestiarios


En la Edad media, las historias de animales eran inmensamente populares en toda Europa, el norte de África y Medio Oriente. La gente de aquella época, por supuesto, dependía de los animales domésticos y salvajes para su supervivencia, por lo tanto, tenía un interés obvio en los animales que la rodeaban. Pero es algo más que una simple necesidad de conocer a los animales que tenía y que usaba: hay un aspecto espiritual e incluso místico en los animales medievales.
El periodo medieval era intensamente religioso. En Europa occidental, la religión era el cristianismo; en el norte de África y Medio Oriente era principalmente el Islam. Los judíos y su religión se encontraban en todas partes, conviviendo junto con los cristianos y los musulmanes, que a veces los "toleraban", y otras veces no. A pesar de los frecuentes choques entre ellos, las tres religiones están estrechamente vinculadas y comparten muchos de los mismos textos espirituales e históricos. En particular, las tres consideran sagrada a la Biblia Hebrea (o gran parte de ella), llamada el Antiguo Testamento por los cristianos, que contiene muchas referencias a animales.

En el occidente cristiano, comúnmente se creía que el mundo natural, llamado "libro de la naturaleza", había sido organizado así por Dios para proporcionar una fuente de instrucción para la humanidad. Esta idea se basaba, al menos en parte, en versos bíblicos como por ejemplo el del libro de Job: Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; A las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán; O habla a la tierra, y ella te enseñará; Los peces del mar te lo declararán también. ¿Qué cosa de todas estas no entiende Que la mano de Jehová la hizo? En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo el género humano. (Job 12:7-10).
Se decía que los animales tenían estas características no simplemente por accidente; Dios los había creado con esos rasgos para servir como ejemplos para una conducta adecuada y para reforzar las enseñanzas de la Biblia. De la misma forma en que el pelícano revive a sus jóvenes muertos después de tres días con su propia sangre, Jesús "revivía" a la humanidad con su sangre después de tres días en la tumba. La forma en que la joven abubilla cuida de sus parientes mayores muestra cómo los niños humanos deberían cuidar a los suyos. Igual que las palomas están a salvo de su enemigo el dragón, siempre que se queden en el refugio del árbol peridexion, los cristianos estarán a salvo de su enemigo Satán mientras permanezcan en el refugio de la Iglesia. Como el águila rechaza a cualquiera de sus jóvenes que no pueden mirar inquebrantables al sol, Dios rechazará a los pecadores que no puedan soportar la luz divina. Toda la Creación , se decía, reflejaba al Creador, y solamente aprendiendo sobre el Creador uno podía estudiar la Creación.

Los animales habían sido descritos durante muchos siglos antes de la era cristiana, pero fue el cristianismo el que tomó las historias y las puso en alegorías religiosas. El primer texto conocido que lo hace es el "Physiologus", escrito en griego en Alejandría en el siglo II o tal vez el siglo III de nuestra era. Esta colección de animales tradicionales populares es explícitamente cristiana; describe brevemente a cada animal, y continúa con una interpretación alegórica cristiana. El "Physiologus" era un "best seller" que fue traducido a la mayoría de las principales lenguas de Europa y Asia occidental; se dice que fue el libro más ampliamente difundido en Europa después de la Biblia. A lo largo de los siglos aparecieron muchas variaciones del texto. El texto original del Physiologus, que describía menos de cincuenta animales, siguió evolucionando, acumulando más bestias y más interpretaciones morales. Alrededor del siglo VII, Isidoro de Sevilla escribió sus "Etymologiae", una enciclopedia con una parte sobre animales, derivada de libros de autores Clásicos, como Plinio el Viejo. Cuando el "Physiologus" se combinó con las "Etymologiae" y otros textos, nació el libro que se conoce como "bestiario".
El bestiario, o "libro de las bestias", es más que solo una expansión del Physiologus, aunque tienen mucho en común. El bestiario también describe a una bestia y utiliza su descripción como base para una enseñanza alegórica, pero al incluir textos de otras fuentes va más allá; y si bien todavía no es un "libro de texto de zoología", no es solamente un texto religioso, sino también una descripción del mundo como lo conocemos.

Los bestiarios manuscritos por lo general estaban muy ilustrados, a veces ricamente, como por ejemplo el Bestiario de Harley y el Bestiario de Aberdeen; las pinturas servían como un "lenguaje visual" para el público iletrado, que conocía las historias (los predicadores las usaban en sus sermones) y podía recordar las enseñanzas morales cuando veía a la bestia representada. Las imágenes de los bestiarios se podían encontrar en cualquier parte. Aparecían no solamente en los bestiarios, sino también en manuscritos de toda clase; en iglesias y monasterios, talladas en piedra adentro y afuera, y en madera en los "misericordios" medievales y otros muebles decorados; pintados en muros y trabajados en mosaicos, y también tejidos en tapices.


Esta abundancia de imágenes de animales a algunos no les gustó. San Bernardo de Clairvoux, en su "Apología" de alrededor de 1127, dice: "¿Qué beneficios hay en esos ridículos monstruos, en ese maravilloso y deforme atractivo, en esa atractiva deformidad? ¿Con qué propósito están esos sucios monos, esos feroces leones, aquellos monstruosos centauros, aquellos medios-hombres, los tigres rayados, los caballeros luchando, los cazadores tocando sus cuernos? Se ven varios cuerpos bajo una sola cabeza, o también muchas cabezas en un solo cuerpo. Aquí hay una bestia de cuatro patras con la cola de una serpiente; allí un pez con la cabeza de una bestia. Otra vez aquí el frente de un caballo arrastra por detrás media cabra, o una bestia con cuernos lleva los cuartos traseros de un caballo. En resumen, son tantas y tan maravillosas las variedades de formas en cada mano que estamos más tentados de leer en el mármol que en nuestros libros, y pasar el día maravillándonos de estas cosas en vez de meditar sobre la ley de Dios. ¡Por Dios! Si el hombre no se avergüenza de estas locuras, por qué, por lo menos, no se ahorra el gasto?"

Las ilustraciones medievales por lo general no son "realistas"; en muchos casos, el artista tal vez nunca había visto un ejemplar de tal bestia, incluso de las que no eran fabulosas. Así que los ilustradores medievales europeos a menudo dibujaban un cocodrilo como una bestia parecida a un perro; la ballena era un pez grande, a escala; la avestruz con pezuñas, y muchas serpientes con patas y/o con alas. Para dibujar un animal desconocido, el ilustrador se basaban en descripciones escritas o en otras ilustraciones o grabados que había visto. Muchos manuscritos tienen pinturas muy particulares de animales debido a la absoluta falta de habilidad del ilustrador, quien podría haber sido el monje más artístico del monasterio, pero no era un artista en serio. Otros manuscritos sólo pueden ser descritos como obras de arte, con magníficas pinturas en varios colores, con un abundante uso del dorado (oro).


Cuando se trata de animales fabulosos, como el unicornio, el dragón o el grifo, el ilustrador no tenía más remedio que seguir las descripciones de pinturas o descripciones anteriores. El hecho de si las personas de la Edad Media creían o no en la existencia de estas criaturas, es bastante discutible. Algunos lo creían, plenamente (como lo hacen todavía hoy en día), mientras que otros las reconocían como producto de la imaginación humana. En el caso de las criaturas fabulosas mencionadas en la Biblia (como los unicornios y los dragones), el problema se complica; si la Biblia es reconocida como la palabra verdadera de Dios, todos los animales mencionados tienen que existir, indudablemente. A esto hay que agregarle la dependencia medieval en, y la creencia en la veracidad de, los escritos de antiguas autoridades como por ejemplo Plinio y Aristóteles, quienes claramente dicen que estas bestias existen "en el Oriente" o "en Etiopía", donde otros proclamaban haberlas visto. En todo caso, si las bestias existían o no, no importa: eran tan adecuadas como vehículos de enseñanza moral y religiosa como los animales mundanos de los campos y los bosques europeos.

Una gran cantidad de bestiarios manuscritos están escritos en Latín, que en la Edad Media era la lengua común de los eruditos y los clérigos; pero hay muchos también escritos en lenguas vernáculas, principalmente el francés. El bestiario en latín fue principalmente un producto de Inglaterra, aunque unos pocos se escribieron en otras partes, como Francia. Sus autores o compiladores son desconocidos, pero hay varios grupos distintivos o "familias" de manuscritos. En Francia, aparecieron varios bestiarios vernáculos, en varios dialectos de lo que ahora es el idioma francés, y en estos casos el autor por lo general nos da su nombre. Gervaise escribió su "Bestiaire" en el dialecto normando aproximadamente a comienzos del siglo XIII, igual que Guillaume le Clerc; Philippe de Thaon escribió un bestiario en dialecto anglo-normando alrededor del año 1121. A principios del siglo XIII, Pierre de Beauvois escribió sus dos versiones de un "Bestiaire" francés en prosa. Todavía se conservan varias copias de los bestiarios franceses.


En los siglos XIII y XIV apareció una serie de enciclopedias, de escritores como Jacbo van Maerlant, Konrad von Megenberg, Thomas de Cantimpré, Labert de Saint-Omer, Bartholomeus Angelicus, y Hrabanus Maurus, entre otros. Estos textos no son bestiarios; si bien normalmente contienen algunos materiales de bestiarios, por lo general no los usan alegóricamente. Todos tienen secciones sobre bestias, pájaros, peces y serpientes, pero también cubre el rango completo del conocimiento de aquella época, en categorías que hoy las reconocemos como teología, filosofía, medicina, astronomía, cronología, zoología, botánica, geografía y mineralogía. Los autores de las enciclopedias copiaban materiales de otros autores, y de enciclopedistas anteriores como Isidoro de Sevilla y Plinio el Viejo, así como también de Aristóteles, Ptolomeo y muchos otros. Las enciclopedias, escritas en latín, en alemán, y en francés, eran muy populares; todavía se conservan cientos de copias manuscritas.

Una parte de la tradición medieval no era religiosa del todo, aunque tenía a veces un mensaje moral. Las fábulas de Esopo eran muy bien conocidas, al igual que muchas otras fábulas moralizadoras que involucraban animales. Una de las series de fábulas más populares era la de Reynard el Zorro, la figura "tramposa" de la Edad Media. Reynard ciertamente no era ningún ejemplo de vida correcta; las historias lo presentan como un intrigante, un mentiroso, un ladrón y un asesino, pero siempre al final se sale con la suya, por lo general a un alto costo para los que lo rodean. Las historias de Reynard eran particularmente populares en los Países Bajos, Alemania y Francia, donde se produjeron algunas versiones vernáculas.

Fuente: The Medieval Bestiary: Animals in the Middle Ages
véase el art. en: http://bestiary.ca/


Algunas bestias

Pelícano
Nombre latino: Pelicanus
Otros nombres: Honocrotalus

Revive a sus jóvenes muertos con su propia sangre.

























Hoopoe
Nombre latino: Hupupa
Otros nombres: Epopus, Hupe,
Hupelot, Upupa
Los más jóvenes cuidan de sus
familiares mayores.
















Paloma
Nombre latino: Columba
Otros nombres: Colum, Coulumpe,
Coulon, Culvour.
Hay un significado según cada color de las palomas.








Dragón
Nombre latino: Drago
La serpiente más grande sobre la Tierra.






















Peridexion
Nombre latino: Peredixion
Otros nombres: Circa dexteram, Environ destre, Paradixion, Pendens, Perindens
Un árbol en la India que atrae a las palomas y repele a los dragones.













Aguila
Nombre latino: Aquila
Otros nombres: Aigle, Aille, Aisgle, Aygle, Égle
Tiene ojos tan fuertes que puede mirar al sol directamente.



















23 abril 2009

Editorial

Estimados amigos, sigo publicando sobre el Codex Gigas en la sección correspondiente. No recuerdo exactamente quien... alguien me preguntó si "Codex Gigas" lleva acento: en mi opinión, no, no tiene que llevar acento, porque es latín, y en latín no hay acentos.

Por otra parte, les dejo un link para que "hojeen" el Codex Gigas (es un enlace al sitio web del Codex Gigas en la Biblioteca Nacional de Suecia):

http://www.kb.se/codex-gigas/eng/Browse-the-Manuscript/

Finalmente, si desean pueden visitar el siguiente sitio web, que me lo envió un amable lector: se llama Libros Malditos: libros que son, libros que no fueron, libros que nunca debieron ser...

http://librosmalditos.com/

Desde ya, muchas gracias a todos por comunicarse conmigo. Hasta pronto!

06 abril 2009

Cambios en el blog

Queridos amigos:

Como se ve, el Codex Gigas es un manuscrito impresionante, que da muchísimo que hablar. Está en la Biblioteca Nacional de Suecia, y, por supuesto, hay un sitio web completísimo al respecto. Estoy traduciendo prácticamente todo, es imposible resumir sin dejar de lado cosas importantes. Imposible!

Entonces decidí hacer una sección dentro del mismo blog, pero exclusivamente para el Codex Gigas. Insisto, hay muchísima información, es una pena resumir. El sitio web de la Biblioteca Nacional de Suecia, con respecto al Codex Gigas, es el siguiente.
http://www.kb.se/codex-gigas/eng/

Cuando lo deseen, visiten esta nueva sección del blog. Periódicamente voy a publicar mis traducciones, y mientras tanto puedo seguir hablando de otros temas (por ejemplo, otros manuscritos) en la sección principal.

Espero que esta idea no incomode, cualquier cosa, ya saben, las críticas son bienvenidas.

Hasta pronto, queridos amigos!

03 abril 2009

Lecturas Adicionales sobre el Codex Gigas




El manuscrito A148 siempre ha atraído la atención debido a su enorme tamaño y la imagen, en una de sus páginas, del diablo entronizado en un estado solitario. A lo largo de los años, ha pasado por dos amargos sobrenombres: la Biblia del Diablo y, en latín, Codex Gigas (“el libro gigante”).





En tiempos medievales, el manuscrito figuraba entre las maravillas del mundo, y se le atribuía un gran valor material. Una nota de fines del siglo XIII en el interior de la cubierta frontal señala que los benedictinos de Podlazice, encontrándose en apuros financieros, empeñaron el manuscrito a un monasterio cisterciense en Sedlec. Luego fue adquirido nuevamente, para los benedictinos, a finales del siglo XIII por el rico monasterio de Brevnov, ya que el arzobispo de Praga consideraba justo y apropiado para el tesoro que fuera conservado por su orden.



El Codex Gigas contiene numerosas inscripciones de “estuve aquí” de los siglos XVI y XVII, lo que demuestra su encanto permanente. En una fecha tan reciente como el siglo XIX, dos autores checos, Josef Pecirka y Beda Dudik, pioneros en el estudio del manuscrito, inscribieron sus nombres en él.



El manuscrito también ha sido víctima de la codicia de dos famosos coleccionistas de arte. En 1594, Rodolfo II lo transfirió de su castillo de Praga. La pintura del diablo exaltaba sus ansias por lo oculto. Medio siglo más tarde, la reina Cristina de Suecia agregó el manuscrito a su espléndida biblioteca en el Castillo de Estocolmo.



El Codex Gigas ha conservado su poder de atracción justamente hasta el día de hoy. Aquí hay una imagen del volumen abierto, en una colección americana de imágenes estereoscópicas que datan de 1906 y que muestra los sitios de interés de Estocolmo. Y en una serie de tarjetas postales de Estocolmo publicada en 1929, el manuscrito se utiliza para representar las curiosidades de la Biblioteca Real.



La estructura del Codex Gigas

La mitad del manuscrito consiste en el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero están separados por traducciones en latín de las dos obras de Flavio Josefo sobre la historia de los judíos (“Antiquitates Iudicae” y “De bello Iudaico”), la enciclopeida Etimologiae de Isidoro de Sevilla, en veinte libros, y ocho escritos médicos.


Los primeros cinco de estos últimos son una colección de textos médicos, principalmente de origen griego o bizantino, que, con el título de “Ars medicinae” (el arte de la medicina) eran de lectura obligatoria para los estudiantes de medicina en Salerno, al sur de Italia, desde principios del siglo XII en adelante. “Ars medicinae”, más tarde conocido como “Articella”, finalmente se convirtió, con una serie de agregados, en un manual de medicina estándar en toda la Europa medieval. “Ars medicinae” aborda temas médicos en términos teóricos y prácticos. Los últimos tres tratados médicos están dedicados a la medicina práctica, y fueron escritos por Constantino el Africano. Era un monje benedictino de Monte Casino en la segunda mitad del siglo XI, y desempeñó un importantísimo papel como traductor latino e introductor europeo de una cantidad de escritos médicos árabes.



Las obras médicas están seguidas por el Nuevo Testamento. A su vez, éste es seguido por la apertura que constituye el núcleo y la quintaescencia de todo el manuscrito, a pesar de que están casi al final del mismo: dos imágenes a página completa, una de la Jerusalen Celestial y, opuesta, una del Diablo. Las páginas que preceden a las pinturas contienen una confesión de pecados, en una letra del doble de tamaño que la del resto del manuscrito. Dos de las páginas siguientes contienen varios conjuros escritos en la misma letra (una letra grande).



A continuación viene la Crónica de Bohemia, el último texto largo del Codex Gigas, escrito por Cosmas de Praga. El Codex Gigas es uno de los más importantes de los quince manuscritos conocidos que contienen el texto de esta crónica, y de hecho, la segunda edición impresa de esta crónica, publicada en 1602, se basaba en él. La nota que registra la hipotca del manuscrito también establece que la Regla de San Benito en algun momento fue inscripto en él, después de la crónica de Cosmas. Esto es muy probable, porque los restos de tres páginas arrancadas todavía son visibles. Pero la Regla de San Benito es un texto relativamente corto, lo que sugiere que las páginas faltantes pueden haber incluído además otro texto.



Las últimas catorce páginas son un Calendario, precedido por una lista de nombres. Probablemente sean los nombres de miembros o benefactores de la comunidad monástica loca. El Calendario tiene rasgos bohemios distintivos. Se mencionan varios santos que se conmemoraban particularmente en Bohemia, y también están los nombres de personas fallecidas que, posiblemente, estaban conectadas con la historia del monasterio de Podlazice, o de Bohemia en general. Este Calendario es un documento muy importante para la historia de la lengua checa. Las dos últimas páginas contienen materiales relacionados con el Calendario.

Traducciones del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento

Los Testamentos Antiguo y Nuevo están dados en la traducción conocida como la Vulgata , cuya historia se retrotrae hasta el trabajo de traducción hecho por San Jerónimo, uno de los Padres de la Iglesia. Pero los Hechos de los Apóstoles y el Libro de la Revelación , aquí, provienen de una traducción anterior, llamada “Vetus Latina”. Estas traducciones, hechas durante la segunda mitad del siglo IV, representan a la tradición textual europea (opuesta a la norafricana), y son una evidencia muy importante de las primeras versiones de la Biblia Latina.

El Libro de los Salmos es “iuxta Hebraeos”, la última de las tres versiones del libro preparadas por San Jerónimo en los últimos años del siglo IV, esta vez directamente del hebreo. Los diferentes alfabetos de las tres lenguas bíblicas (Hebreo, Griego y Latín) están reproducidos en la primera hoja del Codex Gigas, lo que nos recuerda el marco linguístico dentro del cual trabajaba San Jerónimo.

La secuencia de los libros

Los textos de los Hechos y del Apocalipsis están entre los rasgos realmente anticuados de este manuscrito. De igual manera, la secuencia de los libros de la Biblia representa una tradición más antigua que la que estaba en uso en el siglo XIII y a la que, por lo general, se ajusta la Vulgata. En cambio, la secuencia del Codex Gigas sigue la de las Biblias carolingias. El Pentateuco está seguido por los Profetas (tanto los Mayores, más Daniel, como los Menores, más Job), y luego los libros poéticos, que están seguidos por las Crónicas, Ezra, Tobías, Judith y Esther. El Antiguo Testamento termina con los Macabeos.



La ubicación de los cuatro libros de los Reyes, después de los últimos profetas, es inusual, ya que estos libros, con su contenido histórico, normalmente vienen antes de los profetas mayores, por lo general después de Ruth (lo que llamamos el Primer y Segundo Libros de Samuel se conocían como Primero y Segundo Libros de Reyes, y nuestro “Reyes I-II” en aquel tiempo eran referidos, respectivamente, como Tercer y Cuarto Libros de Reyes). En el Nuevo Testamento, las Epístolas Católicas (Santiago, Pedro, Juan y Judas) vienen justo después de los Hechos de los Apóstoles, que están acompañados por el Libro del Apocalipsis y las Epístolas Paulinas.


El tamaño del Codex Gigas

El tamaño del Codez Gigas, como manuscrito bíblico, se enlaza con una tradición de Biblias gigantescas, manuscritos muy grandes, a menudo en un volumen único, que se produjeron en el Continente entre la segunda mitad del siglo XI y finales del siglo XII. Algunos de estos libros podía superar los 70 cm de alto. Su tamaño estaba destinado a manifestar la importancia que se adjudicaba a la Biblia por los papas reformistas del siglo XI, que estaban determinados a fortalecer la libertad de la Iglesia y su independencia del poder secular. Se le adjudicaba un rol fundamental a la Biblia.



Las Biblias en un sólo volúmen ya se conocía de tiempos anteriores, pero no fue sino hasta el siglo XI que su tamaño adquirió un particular valor simbólico. Los manuscritos de esta clase comenzaron a producirse en Roma, extendiéndose finalmente al Norte de Europa. A menudo estas Biblias eran presentadas en iglesias y monasterios por poderosos mecenas como medio para indicar su status, o bien eran regalos de obispos que buscaban reafirmar su poder y enfatizar la importancia de la fe en tiempos de tribulación. El rol exacto de estas enormes Biblias en el contexto religioso práctico no queda claro. Su tamaño era adecuado para colocarlos en los atriles en el refectorio monacal para lecturas , en el de la iglesia para los servicios diarios. Varios manuscritos muestran rastros de este uso. Podían utilizarse como un complemento de otros libros litúrgicos. Pero por sobre todo, servían como textos originales y obras de referencia para el copiado de nuevos manuscritos.



Varias Biblias Gigantes existen desde la segunda mitad del siglo XII, una época en que la fundación de muchos monasterios nuevos había provocado una creciente necesidad de buenos textos bíblicos. La Biblia del Diablo es el último ejemplo de esta tradición de Biblias en un formato enorme, y es excepcional, considerando que las Biblias en un solo volumen y de formato pequeño comenzaban ya a aparecer en París. Con 90 cm de alto y 50 cm de ancho, es también la más grande de todas las biblias “grandes”, y se diferencia de otras en su contenido diverso y su notable ornamentación. Sin embargo, tomado en su conjunto, parece estar muy bien planeado y concebido de forma coherente, una impresión reforzada por el hecho de que el volumen entero habría sido escrito por una sola persona. La leyenda dice que el escriba estuvo encerrado en una celda de un monasterio para producir el manuscrito en una sola noche, en un intento de expiar sus pecados. La tarea resultó ser imposible para él solo, así que le pidió ayuda al Diablo.



Las ideas subyacentes en el Codex Gigas



¿Cuál era la función del Codex Gigas? ¿Por qué esa particular combinación de textos? ¿Cómo se relacionan entre sí los diferentes textos? ¿Cuál es el rol de las pinturas de la Jerusalem Celestial y el Diablo?



Las obras históricas ocupan una parte sorprendentemente grande del manuscrito. El volumen completo tiene 310 hojas. Dejando de lado el Antiguo y el Nuevo Testamento, que son narraciones históricas por excelencia, hay tres largas obras históricas en sentido verdadero, y llevan 100 de las restantes 150 hojas. Comprenden dos obras de Flavio Josefo y una de Cosmas de Praga, más dos obras de un cierto carácter histórico, a saber, la lista de los nombres mencionada antes y el Calendario con su necrología.



Otras 40 hojas corresponden a las Etimologías, de Isidoro de Sevilla, cuyo objetivo principal era, mediante la investigación de la derivación de las palabras, responder la cuestión del origen y el génesis de todo el universo en todas sus formas, incluída toda actividad humana. El título original de la obra era “Origines” (orígenes). Desde este punto de partida, las Etimologías nos dan una amplia descripción de la historia humana en general y la historia de la iglesia en particular. La obra fue compilada en una época de profundos cambios, a comienzos del siglo XVII, cuando la Iglesia Católica en España había derrotado al arrianismo, la versión del cristianismo abrazada por los visigodos. Fue un periodo decisivo durante el cual se consideró la necesidad de retrospectiva y resumen. La última de todas sus variantes se hizo evidente.



La disposición como una narrativa en sí misma



El carácter del Codex Gigas como una obra historiográfica está acentuado por la disposición de los textos. La narración del Antiguo Testamento de la historia de los judíos se complementa con las historias de Flavio Josefo, del siglo primero de la era cristiana. Un breve pasaje de “Antiquitates Iudaicae” (en realidad, una interpolación tardía) con respecto a la Pasión de Nuestro Señor señala el comienzo de la narración del pueblo de la Nueva Alianza, es decir, los cristianos.



El siguiente libro, “Etimologías”, tiene que ver con la historia de los cristianos. Pero Isidoro tenía una intención mucho mayor: un resumen de todo el conocimiento de aquel momento, desde una perspectiva cristiana. Su obra se presenta como una introducción a la historia de la nueva era del Nuevo Testamento, de la era de la Iglesia y el cumplimiento de la promesa que había sido hecha con la aparición de Cristo sobre la Tierra. Este era un punto focal en la historia del mundo, impartiendo un nuevo sentido a todo lo que se había hecho antes. El Antiguo y el Nuevo Testamento se referían a dos órdenes, dos pactos, dos pueblos. El primero solamente pretendía preparar el camino para el segundo. Al mismo tiempo, la aparición de Cristo en la Tierra, la intervención de Dios en los destinos humanos a través de su Hijo, no es otra cosa que la anunciación de final que se acerca, el Juicio Final, cuando la lucha entre el bien y el mal se decidirá, cuando el anhelo de la salvación, objetivo último de todos los fieles, se podrá cumplir. Y esto se refleja de forma muy expresiva en las dos famosas pinturas que, en juxtaposición mutua, lindan con el Nuevo Testamento. A la izquierda, Jerusalem, y a la derecha, el Diablo –el Cielo y el Infierno, Civitas Dei (la ciudad de Dios) y Civitas Diaboli (la ciudad del diablo).



La disposición histórica del manuscrito adquiere una dimensión moral-teológica a través de su perspectiva sobre las cosas últimas. San Agustín, uno de los Padres de la Iglesia, representa su drama histórico de la raza humana en su Ciudad de Dios. La Ciudad de Dios, morada de la paz, es el objetivo último y el bien supremo del hombre. La confesión de los pecados que precede a la pintura de Civitas Dei es la condición necesaria para la admisión en el Reino de Dios. Los exorcismos que siguen a la pintura del Príncipe de la Oscuridad ofrecen la protección necesaria contra el daño que la sola visión de Lucifer es capaz de infligir.



El Nuevo Testamento termina la exposición del Codex Gigas de la historia del universo y de toda la humanidad, desde la Creación hasta la fundación de la Iglesia Cristiana. Esta historia está representada sobre el fondo de la prometida salvación final.



A continuación, la historia de un pueblo, los Bohemios. La relación de la historia de Bohemia, hecha por Cosmas, es una historia sobre el paso del tiempo y los cambios a los que está sujeto el hombre, con su fragilidad física. Nada es permanente. Solamente cuando la historia del mundo es considerada en relación con la historia sagrada, es cuando lo mundano adquiere significación. La breve introducción a la crónica, que describe la historia primitiva de Bohemia, su periodo mítico, está seguida por el comienzo mismo de la obra: la historia de la cristianización del país. El pueblo de Bohemia entró a formar parte de la unidad mayor representada por la Iglesia, y en este sentido su historia está rodeada por la historia universal. Todos los eventos que el autor describe están destinados y son considerados como meras herramientas de Dios para la consumación de Su propósito.





La historia primigenia de Bohemia es también la historia de la Orden Benedictina.
El primer libro de la crónica describe cómo la princesa Mlada, hija del duque Boleslav I (926/35-967/72), viajó a Roma para estudiar las reglas monásticas y finalmente fue entregada a la Regla de San Benito y al personal del abad por el Papa, lo que le permitió (a ella) fundar la primera comunidad monástica en Bohemia. Posiblemente la Regla de San Benito es el texto que ha sido removido del Codex Gigas, después de la Crónica de Cosmas de Praga. Tal vez era como un contrapeso a la historia secular de la crónica. Al mismo tiempo, dio lugar a una narrativa de “hic et nunc”, aquí y ahora, es decir, el monasterio benedictino de Podlazice.



En el manuscrito, a continuación de la Regla viene una lista de nombres de varios eclesiásticos y laicos fallecidos. Esta parte está parcialmente destruida e ilegible, pero probablemente comenzaba con una breve oración por las almas de los difuntos. Según Beda Dudik, quien ha descrito exhaustivamente al manuscrito, esta podría ser una lista de personas a quienes el monasterio les garantizaba indulgencias.



El Calendario que le sigue, refleja, con los nombres de sus santos, la historia de la Iglesia Católica en general y de la iglesia de Bohemia en particular. También incluye varios obituarios, incluyendo los nombres de miembros fallecidos de una gran comunidad monástica, así como también los nombres de los benefactores del monasterio y varias personas de importancia histórica. Todos ellos eran recordados por el monasterio a su muerte. Algunas de las personas conocidas históricamente ya habían muerto antes de que se fundara al monasterio de Podlazice, alrededor del año 1160. además, casi todos ellos habían sido registrados por el mismo escriba (que también es el escriba del manuscrito). Todo esto nos da la impresión de ser una transcripción hecha de una sola vez y por la misma persona. Estas entradas necrológicas en el Codex Gigas difieren notablemente de otras del mismo tipo, que por lo general son escritas por diferentes escribas a lo largo de una sucesión de años.



¿Se usó alguna vez el Codex Gigas?



La utilidad práctica del manuscrito ha sido objeto de una gran discusión, y se ha señalado que parece dificil de usar, debido a su enorme tamaño y su letra, que en comparación es bastante pequeña. Esto es así, pero todos los textos dentro del manuscrito eran de gran importancia para la vida monástica. La Biblia y la Regla de San Benito tenían que leerse diariamente, y los nombres de los miembros y benefactores del monasterio fallecidos tenían que mencionarse en las fechas de sus muertes. Las obras de Josefo e Isidoro eran distribuidas ampliamente y se leían mucho en la Edad Media, y muy comunmente estaban incluidas en bibliotecas benedictinas. La Crónica de Cosmas, escrita probablemente entre 1110-1125, era la obra más importante de su época sobre la historia de Bohemia, y claramente estaba conectada con el monasterio benedictino de Brevnov, el más grande del país, porque había sido escrita en parte por iniciativa del abad del monasterio, Clemente, a quien está dedicado el segundo libro de la crónica.



Además, hay una serie de pequeños rastros que indican que el manuscrito habría realmente utilizado. Hay una palabra en latín, una nota, que aparece en los márgenes en una serie de puntos, escrita en letras diferentes, cerca de los pasajes de particular interés (sin embargo, algunas Notas podrían haber sido transcritas del ejemplar). Varias oraciones del siglo XIII han sido agregadas en los márgenes, y en la parte inferior de cada página del Calendario encontramos las palabras iniciales de varios introitos para la misa, con notación musical. Su uso no está claro. Posiblemente, proporcionaba una orientación durante los servicios dominicales. A finales del periodo medieval, el manuscrito recibió marcas en las hojas de pergamino, lo que muestra claramente que estaba destinado para su uso.



Los ocho tratados médicos que vienen después de Isidoro también habrían tenido un uso práctico. Probablemente eran una ampliación del cuarto libro de las Etimologías, que trata sobre medicina, un campo en el que los benedictinos tenían un interés muy especial. La Regla benedictina hacía del cuidado de los enfermos una preocupación monástica fundamental –ante omnia et super omnia. El abad servía como padre, como educador, pastor y médico. Además de una enfermería y un jardín de hierbas medicinales, todo monasterio tenía su biblioteca y su “scriptorium”. El monasterio de Monte Cassino, al sur de Italia, era famoso en el siglo IX por su escuela de medicina. Y otros monasterios benedictinos, como el de St. Gallen, Tours, y otras varias comunidades en el sur de Alemania, eran conocidos por sus actividades médicas y sus colecciones de libros sobre la materia. Sabemos que el benedictino Thiadagus de Corvey se desempeñaba como médico en la corte del duque Boleslav en Praga durante el siglo XI.
También es posible que haya una conexión entre los textos médicos del Codex Gigas y la imagen del diablo, que, según Carl Nordenfalk, podría haber sido modelado a partir de una lámina de anatomía. Los textos médicos son un recordatorio de la fragilidad del hombre, un “memento mori” en un libro con una profunda carga simbólica.



El Codex Gigas asombra por su tamaño, su decoración, la profusión de sus contenidos, y su combinación sofisticada de diferentes textos y pinturas para darle potencia y profundidad escatológica a la presentación. Esto nos recuerda el Libro de la Vida, mencionado en el Apocalipsis (Rev.5:1,21:27).





Con sus diversas características anticuadas, internas y externas, el manuscrito es único en su época. Sus elementos bohemios y benedictinos son claros y están manifestados de forma fluida. Estas características están subrayadas aún más por una addenda subsiguiente, que comprende un alfabeto glagolítico y uno eslavo eclesiástico, pegados en la hoja fija de la guarda de la cubierta frontal, además de los tres alfabetos originales: hebreo, griego y latino. Esta adición fue escrita durante la segunda mitad del siglo XIV por el abad Divisius del monasterio de Brevnov, y es uno de los registros más antiguos de estos dos alfabetos eslavos.



Pero ¿el Codex Gigas fue realmente escrito en un pequeño monasterio en Podlazice, un monasterio que no es conocido por ningún otro manuscrito y que apenas es mencionado en los documentos que sobreviven? Realmente parece que era necesaria la asistencia del diablo, como lo cuenta la leyenda. La leyenda también refleja la creencia medieval de que el lento y paciente trabajo de escribir lo hacía al escriba merecedor de la expiación de sus pecados. Pero también era muy tentador invocar la ayuda del diablo cuando la tarea resultaba estar más allá de las posibilidades o incluso peligrosa.



El Codex Gigas es en muchos aspectos “sui generis”, sin contrapartida real entre ningún otro manuscrito medieval sobreviviente, lo cual no hace más que aumentar su fascinación y su importancia.

Fuente: Biblioteca Nacional de Suecia
véase el art. original en:
http://kb.se/codex-gigas/eng/

16 febrero 2009

Codex Gigas: la Biblia del Diablo (II)



DIRIGIRSE A LA SECCIÓN: CODEX GIGAS, EN EL MISMO BLOG. MUCHAS GRACIAS!
Acerca del Codex Gigas

El Codex Gigas contiene cinco largos textos, al igual que la Biblia completa. El manuscrito comienza con el Antiguo Testamento, y siguen dos obras históricas de Flavio Josefo, quien vivió en el siglo primero después de Cristo. Se trata de “Las Antiguedades Judías” y “La Guerra Judía”.

Después de Josefo, viene la popular Encyclopaedia de la Edad Media, de Isidoro, quien vivió en el siglo sexto en España. Luego, una colección de obras médicas, y el Nuevo Testamento.
La última de las obras largas es una Crónica de Bohemia, de Cosmas de Praga (ca. 1045-1125). Esta es la primera historia de Bohemia y una obra importante.



También hay algunos textos cortos en el manuscrito. El primero, antes de la pintura de la Ciudad Celestial, es un trabajo sobre la penitencia. El segundo, después del retrato del Diablo, trata sobre el exorcismo de espíritus malvados. La última obra importante, corta, es un Calendario, que contiene una lista de santos y personas locales de Bohemia en los días en que se conmemoraban. También hay una obra perdida: hojas que se cortaron del manuscrito, la Regla de San Benito, una guía esencial para la vida monástica, escrita en el siglo VI.
El libro más importante para el cristianismo es la Biblia. Los otros textos en el Codex Gigas fueron cuidadosamente seleccionados para acompañarla, porque en conjunto proporcionan información sobre la historia judía (Josefo), el conocimiento universal (Isidoro), la medicina, y la historia local (Cosmas).


Historia

No se conoce con precisión el origen del Codex Gigas. Una nota escrita en el manuscrito señala que fue empeñado en el monasterio de Sedlec por sus dueños, los monjes de Podlazice, en el año 1295. Luego pasó al monasterio de Brevnov, cerca de Praga. Todos estos monasterios estaban en Bohemia (actualmente, la República Checa), y si bien es cierto que el Codex Gigas fue hecho en algún lugar de Bohemia, no necesariamente fue en Podlazice, un monasterio pequeño y de poca importancia.

En 1594, Rodolfo II sacó el Codex Gigas y lo llevó hasta su castillo en Praga, donde permaneció hasta que, durante la Guerra de los Treinta Años, fue llevado junto con otros tesoros, por el ejército sueco, hacia Estocolmo. Posteriormente entró en la colección de la reina Cristina de Suecia, en la biblioteca real en el castillo de Estocolmo. Allí quedó hasta 1877, cuando ingresó en la recién construida Biblioteca Nacional de Suecia (Estocolmo).

Hay una leyenda respecto a la realización del Codex Gigas, que relata que fue obra de un solo escriba, y que la tarea era tan enorme que se completó con la ayuda del diablo. El origen de esta leyenda es desconocido, pero, a pesar de que evidentemente no tiene ningún asidero, demuestra cómo el enorme tamaño del manuscrito impresionó tanto a quienes lo vieron que le atribuyeron un origen sobrenatural.

Descripción

El Codex Gigas tiene 310 hojas de pergamino, quizás hechas a partir de cuero de becerro. Las páginas ahora tienen 890 mm de alto por 490 mm de ancho, y esto es lo que convierte al Codex Gigas probablemente en el más grande manuscrito europeo latino medieval que haya sobrevivido. Cada hoja fue foliada en el centro de cada recto (anverso de la hoja) con tinta, probablemente en el siglo XVII, tal vez después de que el manuscrito fuera llevado a Suecia.
Los textos fueron escritos en líneas ruladas, con una disposición en dos columnas de 106 líneas por columna en cada página. El manuscrito fue escrito y decorado (y esto incluye a todas las iniciales, desde las elaboradas hasta las lisas, así como las ilustraciones a página completa que muestran la Ciudad Celestial y el retrato del Diablo) por un solo artista. Ninguna otra obra suya ha sido identificada, y se desconoce donde se entrenó.
Escritura

El Codex Gigas fue escrito por un solo escriba en una versión tardía de una escritura conocida como minúscula carolingia. Esta letra es muy fácil de leer, porque es similar a las letras que se usan hoy en los libros, revistas y periódicos. Las letras tienen un tamaño de 3 a 2.5 mm, y son demasiado pequeñas para un manuscrito de semejante tamaño. Sin embargo, escribiendo en tamaño pequeño y teniendo tantas líneas por página, el escriba podía colocar todos los textos que escribía en una cantidad manejable de hojas.

Es muy difícil calcular cuánto tiempo le llevó escribir el manuscrito. El escriba podría haber escrito una columna en el Codex Gigas, 106 líneas, en un día. Si el escriba trabajaba seis horas por día y escribía seis días por semana, esto significa que el manuscrito podría haber llevado alrededor de cinco años para completarse. Si el escriba era un monje, solamente podía trabajar unas tres horas por día, por lo que el manuscrito podría haberle llevado diez años. Como el escriba también tenía que rular las líneas antes de comenzar a escribir (le llevaba, tal vez, varias horas rular cada hoja), esto extiende el tiempo que le llevó completar el manuscrito. El escriba también decoraba el manuscrito: es decir, este manuscrito habría llevado por lo menos veinte años en terminarse, y podrían haber sido también treinta años.

Encuadernación

El manuscrito está cubierto por gruesas tablas de madera cubiertas con piel curtida (blanca). Las cubiertas están decoradas en persiana, con una corona. Ambas cubiertas también tienen piezas de metal caladas, cuatro piezas en las esquinas, cada una con dos grifos (criaturas legendarias), y una pieza central, cada una con una parte circular en donde descansa el libro cuando se cierra. La cubierta posterior tiene dos piezas adicionales, cada una con un elemento calado, probablemente para permitir que el Codex Gigas fuera encadenado o puesto en algún mobiliario de biblioteca. La fecha de este trabajo en metal es incierta, pero alguna parte data probablemente de antes de la presente encuadernación.

Las hojas del manuscrito fueron reparadas con pergamino, y la actual encuadernación fue hecha en 1819 por un encuadernador de Estocolmo llamado Samuel Sandman. El encuadernador cobró un total de 78 riksdaler por el material y el trabajo. En 1820, una vaca costaba 45 riksdaler, lo que nos da una idea del valor del trabajo de Sandman. No obstante, las tapas de madera posiblemente fueron reutilizadas a partir de la primera encuadernacióbn, hecha poco tiempo después de que el manuscrito fue completado, a principios del siglo XIII.

Decoración

La decoración en el Codex Gigas comprende dos pinturas a página completa, dos pinturas marginales y cincuenta y siete iniciales decoradas.
Las dos pinturas a página completa representan la Ciudad Celestial y el retrato del Diablo en la página opuesta. Estas dos páginas están planificadas deliberadamente para mostrar el contraste entre un símbolo de esperanza y salvación y un símbolo de maldad y oscuridad.

Dos pinturas marginales se pueden encontrar en las “Antigüedades” de Flavio Josefo. Una es el prólogo, y representa el retrato del autor. La segunda consiste en dos “roundels” (círculos, en heráldica) cerca del comienzo de las Antigüedades. Esta obra comienza citando el principio del libro del Génesis “In principio”, pero la primera letra (I) ha desaparecido. La imagen representa el Cielo y la Tierra, e ilustra el comienzo de la historia de la Creación. Estas son las únicas ilustraciones literales en el Codex Gigas.

Iniciales

Las elaboradas iniciales están al principio de los textos principales y sus divisiones mayores. Las más elaboradas, en varios colores, están al principio de la mayoría de los libros de la Biblia, al igual que al comienzo de la Crónica de Cosmas de Praga. Están plenamente coloreadas, y muchas de ellas están decoradas con espirales que terminan con estilizadas hojas y flores.

Seis de las iniciales están a página completa. Dos están en el Antiguo Testamento al principio del Libro de Josué y Reyes, y cuatro en el Nuevo Testamento, abriendo los Evangelios. La decoración también incluye aves u otros animales. Las únicas iniciales doradas se utilizan para el Evangelio de San Mateo y el de San Marcos. El comienzo del Pentateuco estaba decorada, con seguridad, con una inicial a página completa (pero esto se perdió).

Las siguientes iniciales más elaboradas son de dos clases. La primera, es en forma de arabesco, en dos colores, con letras en azul y decoración foliada en rojo; este tipo de iniciales está en el principio del libro de las “Etimologías”, de Isidoro de Sevilla, y en la parte superior de cada página del Calendario con la Necrología. La segunda clase, son iniciales con plumas floridas con letras en un color y decoración con plumas.

Las otras iniciales, al principio de un texto y marcando divisiones dentro de los textos, son planas (monocromáticas).
Fuente: National Library of Sweden
véase el art. original en: http://kb.se/codex-gigas/eng/short/