12 nov. 2010

Iconos (Iconografía)

Aunque ya todos lo sabemos, igual no está demás repetirlo: la palabra “icono” proviene del griego “eikon”, que significa imagen.

También tiene una raíz en la lengua copta, en la palabra “eikonigow” . Ambas palabras, en griego y en copto, tienen una pronunciación similar, y mi intención es hablar en particular de los Coptos (pero vamos por parte).


En este caso, voy a referirme a los “iconos” en el sentido estricto de la palabra, es decir, como una pintura hecha sobre una tabla de madera, que puede exponerse en una iglesia (de forma permanente, en lo que se llama “iconostasio”, o en ocasiones de fiestas especiales), o en un altar doméstico. Pero por supuesto, un icono, además de una pintura, puede ser un tallado, o una escultura.


El icono representa una imagen sagrada, una figura religiosa. Por ejemplo, Jesús, la Virgen María, los Santos, o los Apóstoles…


En general se asocia la iconografía cristiana con las Iglesias Ortodoxas (los iconos tienen un lugar preponderante en la vida y culto de la Iglesia Ortodoxa).


El Séptimo Concilio Ecuménico (787) habla de la “veneración” dispensada hacia estas “imágenes sagradas”: no se trata de una adoración, en sentido estricto, sino de su instrumento. El icono dirige la mirada y el espíritu de quien lo está observando hacia su propio modelo, ya sea de forma directa (el “ícono de los íconos”, Cristo), o bien de forma indirecta (si es un santo, por ejemplo).


Un ícono puede utilizarse al servicio del Evangelio, de la sagrada tradición de la Iglesia; forma parte integral de la Liturgia, por lo que la iconografía debería considerarse un verdadero y pleno ministerio. No se trata de un mero recurso artístico. Los iconos son como una "ventana hacia el cielo". El creyente medita sobre la persona representada en el icono, y se supone que intenta imitar su vida, elevando así su vida espiritual. El icono es portador de un inmensa cantidad de sentidos espirituales. El fundamento de la vida cristiana yace en que "el verbo se hizo carne" (Juan, 1:1).


Un poco de Historia


Ya desde tiempos ancestrales, la pintura se conoce como medio sagrado.


Los antiquísimos artistas egipcios eran muy famosos por sus pinturas y tallados. En la tumba del sacerdote Pet Osiris (en Tuna el-Gebel, cerca de Mallawi, en la provincia de Al-Menia, Egipto), se han encontrado bellísimos frescos que representan historias mitológicas (mitológicas para nosotros, desde nuestro punto de vista occidental, pero para ellos, obviamente tenían un carácter sagrado).

Y por otra parte están los complicados diseños tallados y dibujados en los sarcófagos. Las tapas de estos sarcófagos representaban a la perfección la imagen de la persona allí sepultada (que de hecho, casi siempre era el faraón, aunque también hubo personas de la clase “alta” sepultadas dentro de sarcófagos, pero en estos casos sus retratos estaban representados en una tabla de madera).


Los antiguos griegos y romanos tuvieron costumbres similares.

En general, la historiografía data el surgimiento del estilo iconográfico hacia los primeros siglos del Cristianismo. Posiblemente los iconos se popularizaron primero en las casas particulares, y después recién comenzaron a aparecer en los lugares de culto (fines del siglo III de nuestra era). Para los siglos IV y V ya su uso estaba ampliamente extendido.

La aparición de los iconos en la primitiva Iglesia Cristiana tiene su raíz en la particular situación que le tocó vivir en aquella época. Muchos cristianos eran convertidos que venían de culturas paganas, en su mayoría analfabetas. Tenían serias dificultades para entender las prédicas de los sacerdotes, las enseñanzas bíblicas y sus sentidos “espirituales”, etc. De modo tal que la Iglesia tuvo que permitir el uso de pinturas religiosas (íconos), para que con su ayuda visual el pueblo pudiera asimilar de mejor forma las enseñanzas cristianas.


En resumidas cuentas, estas representaciones pictóricas ayudaron a la nueva feligresía a entender a esta nueva religión, y, al mismo tiempo, la ilustraron.


Con la conversión del emperador romano Constantino (307-337) al Cristianismo, la situación cambió radicalmente. El emperador intentó reforzar el triunfo del Cristianismo sobre el paganismo prohibiendo la idolatría. Por ejemplo, en la capital sacaron todas las estatuas de los dioses paganos, y los íconos pasaron a ser objetos de decoración en los edificios estatales.


Aquí cabe mencionar al Patriarca Cirilo I (404-430, llamado también “Kyrillos, el Pilar de la Fe”), 24to Papa copto: permitió que en su patriarcado, y en todas las iglesias de Egipto, se exhibieran libremente los iconos.

En los siglos posteriores al emperador Constantino, los cristianos llegaron a utilizar los iconos en formas que nunca se habían previsto. Los iconos adquirieron un carácter más artístico que devocional.

Pero recordemos que nunca los iconos estuvieron destinados a ser adorados o venerados como algo sagrado en sí mismo. Cuando se reverencia a un icono, hay que entender que no es el icono (o pintura) el ente sagrado, sino la persona o el evento allí representado. La intención es servir como “ventana” hacia el mundo espiritual, como ayuda para contemplar las cuestiones espirituales, como preparación emocional (recogimiento), como un recordatorio de los eventos narrados en la Biblia, la vida de Cristo, de los Santos, etc. Pero jamás un icono es un objeto de culto.

En el siglo VIII surgió un movimiento que impulsó la eliminación de todos los iconos de las iglesias, ya que entendía que estaban siendo adorados como ídolos. Se basaban en un versículo bíblico: "no te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra...No te inclinarás a ellas...” (Exodo 20:4,5) . Este periodo se conoce como la “Controversia Iconoclasta”: una de sus figuras clave fue Lawon el-Esafry, y sus seguidores participaron en la destrucción de miles de iconos.


Es interesante señalar que la “Controversia Iconoclasta” comenzó durante el reinado del emperador León III, en el siglo VIII, y se convirtió en un serio conflicto en la Iglesia. Esto coincidió con las invasiones musulmanas de Siria, Irak, Egipto y Persia. Los lugares sagrados cristianos en Jerusalén cayeron en manos musulmanas. Durante este conflicto los dos teólogos más prominentes que se plantaron en defensa del uso de los íconos en la Iglesia fueron San Juan Damasceno (675-749) y Teodoro el Estudita (759-826) en el Séptimo Concilio Ecuménico de la Iglesia Ortodoxa de Oriente en el año 787.

El Cristianismo prohibía la adoración de los ídolos, pero no el uso de los iconos, siempre y cuando fuera en el sentido antes explicado.


Veamos un poco las raíces cristianas de la iconografía.


1. Se sabe que el evangelista Lucas, además de médico era un talentoso pintor. Pintó un icono que representaba a la Virgen María llevando al Niño Jesús. Esta imagen posteriormente fue copiada por muchísimas iglesias en todo el mundo. Por otra parte, un historiador llamado Van Celub sostuvo que, en una visita a la Catedral de Alejandría, había encontrado un icono del Arcángel Miguel, que habría sido hecho por el mismísimo Lucas, el Apóstol.


2. Existe una historia sumamente interesante (y bellísima), que se remonta al siglo I de nuestra era. El rey Abagar de Odessa (situado entre los dos ríos, el Tigris y el Éufrates, en la parte oriental de Irak) envió a su mensajero Ananius para pedirle a Jesús que lo visitara. El rey padecía varias enfermedades, y deseaba que Jesús viniera y lo sanara. Y que se quedara a vivir en su reino. Ananius, el mensajero, era también un talentoso artista, e intentó pintar un retrato de Jesús: pero sin embargo, se dice que la gloria y la perfecta apariencia del Señor era tan grande, que no pudo hacerlo. La historia dice que el mensajero volvió al rey con una pieza de tela que tenía la imagen del rostro de Cristo. La imagen del sagrado rostro sanó al rey de todas sus enfermedades, en ausencia del mismo Cristo: la Sagrada Imagen había tenido el poder de sanar al rey.


Esta historia, junto con las dos cartas, aparecen, palabra por palabra, en el libro “Historia de la Iglesia”, del antiguo historiador cristiano Eusebio de Cesarea (264-340).


3. Segunda historia. El evangelista Lucas (Lucas, 8:43) se refiere a una mujer a quien Jesús curó de una hemorragia que sufría ya desde hacía doce años. La mujer había dibujado en la puerta de su casa (en Banias, un poblado cerca de la fuente del río Jordán) una imagen de Cristo, y otra de ella misma yaciendo a sus pies. Esta historia también aparece en el libro de la “Historia de la Iglesia”, de Eusebio de Cesarea (ya mencionado). Eusebio afirma haber visto esta imagen, que todavía existía al momento de su visita en el siglo III.

Cánones estilísticos en el dibujo de los iconos

Como ya había dicho al comienzo, la iconografía se asocia fundamentalmente con la Iglesia Ortodoxa. Allí los íconos tienen un lugar preponderante en la devoción, la liturgia.

Los artistas siempre tuvieron una gran libertad en la expresión, aunque, naturalmente, siempre hubo estrictos cánones en cuanto a la representación de los sagrados rostros.

Para pasar al artículo sobre la Iconografía en la Iglesia Ortodoxa Oriental (con una mención especial de la Iglesia Copta), por favor, hagan click en la sección: Iglesia Cristiana Copta Ortodoxa de Egipto


Fuentes Consultadas:

Diccionario de religiones comparadas / dirigido por S. G. F. Brandon. Madrid : Ediciones Cristiandad, 1975
2 v. ; 24 cm.


Imagen de la cabecera del artículo: Crito Pantocrátor, en la Iglesia de Santa Catalina, Monte Sinaí. Encáustica sobre tabla, de los siglos VI o VII, aproximadamente. En: Wikipedia.en

Imagen de Lucas, el Evangelista: Iglesia.org