24 may. 2009

Bestiario Medieval: El Pelícano


Pelícano
Nombre latino: Pelicanus
Otros nombres: Honocrotalus, onocrótalo

Imagen: Museum Meermanno, MMW, 10 B 25, Folio 32r




Atributos generales



Cuando los pelícanos jóvenes crecen, comienzan a atacar a sus progenitores en la cara con sus picos. A pesar de que los pelícanos sienten un gran amor por sus jóvenes, contraatacan y los matan. Después de tres días, la madre atraviesa su costado o su pecho y deja que la sangre caiga sobre las aves muertas, y de esta forma las revive. Algunos dicen que es el pelícano macho el que mata a los jóvenes y luego los reviven con su sangre.



Los pelícanos viven en Egipto. Hay dos clases: una vive en el agua y se alimenta de animales perniciosos como los cocodrilos y los lagartos; la otra clase, con un largo cuello y también un largo pico, emite un sonido parecido al de los asnos, cuando bebe (se llama “onocrotalus”). Algunos sostienen que estas dos clases se distinguen por otros atributos: la que vive en el agua se alimenta de peces, mientras que la que vive en las islas se alimenta de animales “sucios”. El pelícano tiene un hambre insaciable, su estómago no puede alojar comida por mucho tiempo: todo lo que come es inmediatamente digerido.



Alegoría/Moral



El pelícano representa a Cristo, a quien la Humanidad atacó al cometer pecados; el costado abierto del pelícano representa la muerte de Cristo en la cruz y el derramamiento de su sangre para revivirnos. El Bestiario de Aberdeen agrega que el hambre del pelícano significa que “… la vida de un ermitaño está modelada en base a la del pelícano, en el sentido que éste vive del pan pero no busca llenar su estómago; no vive para comer, sino que come para vivir”.



Fuentes (por orden cronológico)



Plinio el Viejo (siglo I d.C.) (Historia Natural, Libro 10, 66): los pelícanos tienen un segundo estómago en el cuello, donde las insaciables criaturas colocan la comida, aumentando su capacidad; más tarde, toman la comida de ese estómago y la pasan al estómago verdadero.
Isidoro de Sevilla (siglo VII d. C.) (Etimologías, Libro 12, 7:26): el pelícano es un ave egipcia que vive en la soledad del río Nilo. Se dice que [aquí Isidoro expresa una cierta duda al respecto] la hembra mata a sus crías y llora por ellos durante tres días, luego se hiere a sí misma y arroja su sangre sobre ellos para revivirlos. (Libro 12, 7:32): tiene un nombre griego (onocrótalos) por su largo pico; hay dos clases, acuática y solitaria.



Guillaume le Clerc (siglo XIII) (Bestiaire): El pelícano es un ave maravillosa que habita en las zonas cercanas al río Nilo. La historia escrita nos dice que hay dos clases, la que vive en el río y come nada más que peces, y la que vive en el desierto y come solamente insectos y gusanos. Hay algo maravilloso sobre el pelícano, nunca la oveja amó tanto a sus corderitos como la hembra del pelícano ama a sus crías. Cuando nace el hijo, los padres le dedican todo el cuidado y el pensamiento para nutrirlo. Pero los jóvenes pelícanos son ingratos, y cuando han crecido lo suficiente, están fuertes y seguros de sí mismos, atacan a picotazos a sus padres en la cara, y él [aquí es el macho], enfurecido por semejante maldad, los mata a todos. Al tercer día, el padre se acerca, profundamente conmovido, con mucha pena y dolor. Con su pico se hiere a sí mismo, en un costado, hasta que la sangre brota. Con la sangre lleva vida nuevamente sobre los cuerpos de sus jóvenes.



Ilustración



La ilustración de los pelícanos está altamente estandarizada, y se encuentra en una gran variedad de escenas, incluyendo manuscritos, esculturas, y tallas en iglesias, como los misericordios. La disposición de la madre pelícano y su cría se llama “el pelícano en su piedad”; consiste en la madre de pie ante sus polluelos muertos (o revividos), con la cabeza inclinada hacia abajo en una grácil curva, para cortar su pecho y gotear sangre sobre sus hijos. En algunas ilustraciones la madre arroja su sangre sobre los polluelos, o los polluelos se estiran para alcanzar las gotas de sangre que caen. Unos pocos manuscritos muestran la historia completa de la madre que mata a sus hijos y luego los revive.

Fuente: The Medieval Bestiary
véase el art. original en:
http://www.bestiary.ca/intro.htm

4 may. 2009

Bestiarios


En la Edad media, las historias de animales eran inmensamente populares en toda Europa, el norte de África y Medio Oriente. La gente de aquella época, por supuesto, dependía de los animales domésticos y salvajes para su supervivencia, por lo tanto, tenía un interés obvio en los animales que la rodeaban. Pero es algo más que una simple necesidad de conocer a los animales que tenía y que usaba: hay un aspecto espiritual e incluso místico en los animales medievales.
El periodo medieval era intensamente religioso. En Europa occidental, la religión era el cristianismo; en el norte de África y Medio Oriente era principalmente el Islam. Los judíos y su religión se encontraban en todas partes, conviviendo junto con los cristianos y los musulmanes, que a veces los "toleraban", y otras veces no. A pesar de los frecuentes choques entre ellos, las tres religiones están estrechamente vinculadas y comparten muchos de los mismos textos espirituales e históricos. En particular, las tres consideran sagrada a la Biblia Hebrea (o gran parte de ella), llamada el Antiguo Testamento por los cristianos, que contiene muchas referencias a animales.

En el occidente cristiano, comúnmente se creía que el mundo natural, llamado "libro de la naturaleza", había sido organizado así por Dios para proporcionar una fuente de instrucción para la humanidad. Esta idea se basaba, al menos en parte, en versos bíblicos como por ejemplo el del libro de Job: Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; A las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán; O habla a la tierra, y ella te enseñará; Los peces del mar te lo declararán también. ¿Qué cosa de todas estas no entiende Que la mano de Jehová la hizo? En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo el género humano. (Job 12:7-10).
Se decía que los animales tenían estas características no simplemente por accidente; Dios los había creado con esos rasgos para servir como ejemplos para una conducta adecuada y para reforzar las enseñanzas de la Biblia. De la misma forma en que el pelícano revive a sus jóvenes muertos después de tres días con su propia sangre, Jesús "revivía" a la humanidad con su sangre después de tres días en la tumba. La forma en que la joven abubilla cuida de sus parientes mayores muestra cómo los niños humanos deberían cuidar a los suyos. Igual que las palomas están a salvo de su enemigo el dragón, siempre que se queden en el refugio del árbol peridexion, los cristianos estarán a salvo de su enemigo Satán mientras permanezcan en el refugio de la Iglesia. Como el águila rechaza a cualquiera de sus jóvenes que no pueden mirar inquebrantables al sol, Dios rechazará a los pecadores que no puedan soportar la luz divina. Toda la Creación , se decía, reflejaba al Creador, y solamente aprendiendo sobre el Creador uno podía estudiar la Creación.

Los animales habían sido descritos durante muchos siglos antes de la era cristiana, pero fue el cristianismo el que tomó las historias y las puso en alegorías religiosas. El primer texto conocido que lo hace es el "Physiologus", escrito en griego en Alejandría en el siglo II o tal vez el siglo III de nuestra era. Esta colección de animales tradicionales populares es explícitamente cristiana; describe brevemente a cada animal, y continúa con una interpretación alegórica cristiana. El "Physiologus" era un "best seller" que fue traducido a la mayoría de las principales lenguas de Europa y Asia occidental; se dice que fue el libro más ampliamente difundido en Europa después de la Biblia. A lo largo de los siglos aparecieron muchas variaciones del texto. El texto original del Physiologus, que describía menos de cincuenta animales, siguió evolucionando, acumulando más bestias y más interpretaciones morales. Alrededor del siglo VII, Isidoro de Sevilla escribió sus "Etymologiae", una enciclopedia con una parte sobre animales, derivada de libros de autores Clásicos, como Plinio el Viejo. Cuando el "Physiologus" se combinó con las "Etymologiae" y otros textos, nació el libro que se conoce como "bestiario".
El bestiario, o "libro de las bestias", es más que solo una expansión del Physiologus, aunque tienen mucho en común. El bestiario también describe a una bestia y utiliza su descripción como base para una enseñanza alegórica, pero al incluir textos de otras fuentes va más allá; y si bien todavía no es un "libro de texto de zoología", no es solamente un texto religioso, sino también una descripción del mundo como lo conocemos.

Los bestiarios manuscritos por lo general estaban muy ilustrados, a veces ricamente, como por ejemplo el Bestiario de Harley y el Bestiario de Aberdeen; las pinturas servían como un "lenguaje visual" para el público iletrado, que conocía las historias (los predicadores las usaban en sus sermones) y podía recordar las enseñanzas morales cuando veía a la bestia representada. Las imágenes de los bestiarios se podían encontrar en cualquier parte. Aparecían no solamente en los bestiarios, sino también en manuscritos de toda clase; en iglesias y monasterios, talladas en piedra adentro y afuera, y en madera en los "misericordios" medievales y otros muebles decorados; pintados en muros y trabajados en mosaicos, y también tejidos en tapices.


Esta abundancia de imágenes de animales a algunos no les gustó. San Bernardo de Clairvoux, en su "Apología" de alrededor de 1127, dice: "¿Qué beneficios hay en esos ridículos monstruos, en ese maravilloso y deforme atractivo, en esa atractiva deformidad? ¿Con qué propósito están esos sucios monos, esos feroces leones, aquellos monstruosos centauros, aquellos medios-hombres, los tigres rayados, los caballeros luchando, los cazadores tocando sus cuernos? Se ven varios cuerpos bajo una sola cabeza, o también muchas cabezas en un solo cuerpo. Aquí hay una bestia de cuatro patras con la cola de una serpiente; allí un pez con la cabeza de una bestia. Otra vez aquí el frente de un caballo arrastra por detrás media cabra, o una bestia con cuernos lleva los cuartos traseros de un caballo. En resumen, son tantas y tan maravillosas las variedades de formas en cada mano que estamos más tentados de leer en el mármol que en nuestros libros, y pasar el día maravillándonos de estas cosas en vez de meditar sobre la ley de Dios. ¡Por Dios! Si el hombre no se avergüenza de estas locuras, por qué, por lo menos, no se ahorra el gasto?"

Las ilustraciones medievales por lo general no son "realistas"; en muchos casos, el artista tal vez nunca había visto un ejemplar de tal bestia, incluso de las que no eran fabulosas. Así que los ilustradores medievales europeos a menudo dibujaban un cocodrilo como una bestia parecida a un perro; la ballena era un pez grande, a escala; la avestruz con pezuñas, y muchas serpientes con patas y/o con alas. Para dibujar un animal desconocido, el ilustrador se basaban en descripciones escritas o en otras ilustraciones o grabados que había visto. Muchos manuscritos tienen pinturas muy particulares de animales debido a la absoluta falta de habilidad del ilustrador, quien podría haber sido el monje más artístico del monasterio, pero no era un artista en serio. Otros manuscritos sólo pueden ser descritos como obras de arte, con magníficas pinturas en varios colores, con un abundante uso del dorado (oro).


Cuando se trata de animales fabulosos, como el unicornio, el dragón o el grifo, el ilustrador no tenía más remedio que seguir las descripciones de pinturas o descripciones anteriores. El hecho de si las personas de la Edad Media creían o no en la existencia de estas criaturas, es bastante discutible. Algunos lo creían, plenamente (como lo hacen todavía hoy en día), mientras que otros las reconocían como producto de la imaginación humana. En el caso de las criaturas fabulosas mencionadas en la Biblia (como los unicornios y los dragones), el problema se complica; si la Biblia es reconocida como la palabra verdadera de Dios, todos los animales mencionados tienen que existir, indudablemente. A esto hay que agregarle la dependencia medieval en, y la creencia en la veracidad de, los escritos de antiguas autoridades como por ejemplo Plinio y Aristóteles, quienes claramente dicen que estas bestias existen "en el Oriente" o "en Etiopía", donde otros proclamaban haberlas visto. En todo caso, si las bestias existían o no, no importa: eran tan adecuadas como vehículos de enseñanza moral y religiosa como los animales mundanos de los campos y los bosques europeos.

Una gran cantidad de bestiarios manuscritos están escritos en Latín, que en la Edad Media era la lengua común de los eruditos y los clérigos; pero hay muchos también escritos en lenguas vernáculas, principalmente el francés. El bestiario en latín fue principalmente un producto de Inglaterra, aunque unos pocos se escribieron en otras partes, como Francia. Sus autores o compiladores son desconocidos, pero hay varios grupos distintivos o "familias" de manuscritos. En Francia, aparecieron varios bestiarios vernáculos, en varios dialectos de lo que ahora es el idioma francés, y en estos casos el autor por lo general nos da su nombre. Gervaise escribió su "Bestiaire" en el dialecto normando aproximadamente a comienzos del siglo XIII, igual que Guillaume le Clerc; Philippe de Thaon escribió un bestiario en dialecto anglo-normando alrededor del año 1121. A principios del siglo XIII, Pierre de Beauvois escribió sus dos versiones de un "Bestiaire" francés en prosa. Todavía se conservan varias copias de los bestiarios franceses.


En los siglos XIII y XIV apareció una serie de enciclopedias, de escritores como Jacbo van Maerlant, Konrad von Megenberg, Thomas de Cantimpré, Labert de Saint-Omer, Bartholomeus Angelicus, y Hrabanus Maurus, entre otros. Estos textos no son bestiarios; si bien normalmente contienen algunos materiales de bestiarios, por lo general no los usan alegóricamente. Todos tienen secciones sobre bestias, pájaros, peces y serpientes, pero también cubre el rango completo del conocimiento de aquella época, en categorías que hoy las reconocemos como teología, filosofía, medicina, astronomía, cronología, zoología, botánica, geografía y mineralogía. Los autores de las enciclopedias copiaban materiales de otros autores, y de enciclopedistas anteriores como Isidoro de Sevilla y Plinio el Viejo, así como también de Aristóteles, Ptolomeo y muchos otros. Las enciclopedias, escritas en latín, en alemán, y en francés, eran muy populares; todavía se conservan cientos de copias manuscritas.

Una parte de la tradición medieval no era religiosa del todo, aunque tenía a veces un mensaje moral. Las fábulas de Esopo eran muy bien conocidas, al igual que muchas otras fábulas moralizadoras que involucraban animales. Una de las series de fábulas más populares era la de Reynard el Zorro, la figura "tramposa" de la Edad Media. Reynard ciertamente no era ningún ejemplo de vida correcta; las historias lo presentan como un intrigante, un mentiroso, un ladrón y un asesino, pero siempre al final se sale con la suya, por lo general a un alto costo para los que lo rodean. Las historias de Reynard eran particularmente populares en los Países Bajos, Alemania y Francia, donde se produjeron algunas versiones vernáculas.

Fuente: The Medieval Bestiary: Animals in the Middle Ages
véase el art. en: http://bestiary.ca/


Algunas bestias

Pelícano
Nombre latino: Pelicanus
Otros nombres: Honocrotalus

Revive a sus jóvenes muertos con su propia sangre.

























Hoopoe
Nombre latino: Hupupa
Otros nombres: Epopus, Hupe,
Hupelot, Upupa
Los más jóvenes cuidan de sus
familiares mayores.
















Paloma
Nombre latino: Columba
Otros nombres: Colum, Coulumpe,
Coulon, Culvour.
Hay un significado según cada color de las palomas.








Dragón
Nombre latino: Drago
La serpiente más grande sobre la Tierra.






















Peridexion
Nombre latino: Peredixion
Otros nombres: Circa dexteram, Environ destre, Paradixion, Pendens, Perindens
Un árbol en la India que atrae a las palomas y repele a los dragones.













Aguila
Nombre latino: Aquila
Otros nombres: Aigle, Aille, Aisgle, Aygle, Égle
Tiene ojos tan fuertes que puede mirar al sol directamente.